Cáncer de mama y los hábitos que pueden reducir el riesgo

Aunque existen factores que no pueden modificarse, mantener un peso saludable, hacer ejercicio, evitar el tabaco y limitar el alcohol son medidas relacionadas con un menor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Santo Domingo, RD.- El cáncer de mama continúa entre las enfermedades oncológicas más frecuentes en mujeres a nivel mundial. Cada año se registran alrededor de 2.3 millones de nuevos diagnósticos, una cifra que representa aproximadamente uno de cada cuatro casos de cáncer detectados en mujeres.

Aunque el desarrollo de la enfermedad no responde a una causa única, existen diferentes elementos que pueden aumentar el riesgo. Algunos están vinculados con características que no pueden modificarse, como la edad, el sexo biológico y determinados antecedentes genéticos, mientras que otros están relacionados con hábitos y condiciones sobre los que sí es posible intervenir.

La doctora Verónica Alume, médica radioncóloga y máster en Nutrición de Precisión, explica que conocer estos factores permite tomar decisiones orientadas al cuidado de la salud, aunque ninguna medida garantiza por sí sola evitar la aparición de un tumor.

La especialista señala que la prevención debe entenderse como un conjunto de acciones destinadas a reducir factores de riesgo y favorecer una mejor salud general.

Cáncer de mama y factores que no pueden cambiarse

Ser mujer y cumplir años son dos de los principales factores asociados con el riesgo de desarrollar cáncer de mama. La probabilidad aumenta con la edad y una parte importante de los diagnósticos ocurre después de los 50 años.

Los antecedentes familiares también pueden ser relevantes. En algunas familias existen mutaciones genéticas heredadas, entre ellas las relacionadas con los genes BRCA1 y BRCA2, que pueden incrementar la posibilidad de desarrollar determinados tipos de cáncer de mama.

Estos factores no pueden modificarse mediante cambios en el estilo de vida. Sin embargo, conocerlos puede ayudar a establecer estrategias de vigilancia adaptadas a las características de cada mujer.

La evaluación de los antecedentes familiares y personales permite al médico determinar si una paciente puede requerir un seguimiento diferente al recomendado para la población general.

Por esta razón, tener factores de riesgo que no pueden cambiarse no significa que una persona necesariamente desarrollará la enfermedad. Se trata de elementos que deben ser considerados dentro de una evaluación individual.

Hábitos que sí pueden reducir el riesgo

Existen otros factores vinculados al estilo de vida sobre los cuales sí se pueden tomar decisiones. Entre ellos se encuentran el consumo de alcohol, el exceso de peso, el sedentarismo y el tabaquismo.

Mantener un peso saludable, especialmente después de la menopausia, es una de las medidas relacionadas con la reducción de determinados riesgos asociados al cáncer de mama. El exceso de tejido adiposo puede estar relacionado con cambios hormonales y metabólicos que influyen en el organismo.

La actividad física regular también forma parte de las recomendaciones para mantener una vida saludable. No es necesario que todas las personas realicen el mismo tipo o intensidad de ejercicio; la actividad debe adaptarse a las condiciones y posibilidades individuales.

Evitar el tabaco y reducir o eliminar el consumo de bebidas alcohólicas son otras medidas que pueden contribuir a disminuir riesgos relacionados con diferentes enfermedades, incluido el cáncer de mama.

La especialista destaca que estas acciones no deben interpretarse como una garantía de prevención, sino como parte de un conjunto de decisiones que favorecen el cuidado integral de la salud.

Alimentación y cáncer de mama

La alimentación constituye otro aspecto sobre el que se puede intervenir. Una dieta equilibrada que incluya frutas, vegetales y alimentos ricos en fibra puede formar parte de un patrón de alimentación saludable.

Al mismo tiempo, se recomienda limitar el consumo frecuente de productos ultraprocesados y mantener hábitos alimentarios que favorezcan un peso adecuado.

En este contexto, la nutrición no debe plantearse como una fórmula para evitar el cáncer de mama, sino como un componente de un estilo de vida que puede ayudar a controlar algunos factores relacionados con la salud metabólica y cardiovascular.

La doctora Alume también señala que determinados tratamientos de reemplazo hormonal pueden estar relacionados con un aumento del riesgo en algunas mujeres. Por ello, la decisión de utilizarlos debe realizarse de manera individualizada y con orientación médica, tomando en cuenta los antecedentes y características de cada paciente.

Lactancia y otros factores relacionados con la salud

Los factores reproductivos también forman parte de la evaluación del riesgo. La lactancia materna, particularmente cuando se prolonga durante un período mayor, ha sido asociada con un posible efecto protector frente al cáncer de mama.

Sin embargo, estos elementos deben analizarse dentro del conjunto de circunstancias de cada mujer. No existe un único comportamiento o decisión que permita determinar por sí mismo si una persona desarrollará o no la enfermedad.

La prevención, por tanto, requiere una visión amplia que considere los antecedentes personales y familiares, la edad, los hábitos cotidianos y las recomendaciones médicas correspondientes.

La doctora Alume resume esta idea al señalar que las personas no pueden modificar su genética ni detener el envejecimiento, pero sí pueden tomar decisiones sobre determinados hábitos.

De acuerdo con la especialista, mantener un peso saludable, realizar actividad física, evitar el tabaco, moderar o eliminar el alcohol y seguir una alimentación equilibrada son medidas que pueden contribuir a disminuir algunos factores de riesgo.

Detección temprana sigue siendo fundamental

Adoptar hábitos saludables no sustituye las evaluaciones médicas ni las pruebas de detección recomendadas. La identificación temprana continúa siendo una herramienta importante frente al cáncer de mama, debido a que detectar la enfermedad en etapas iniciales puede ampliar las opciones de tratamiento.

Por esta razón, las mujeres deben mantener los controles médicos correspondientes a su edad, antecedentes y nivel de riesgo individual.

También es importante consultar con un profesional de la salud ante cualquier cambio nuevo o alteración en las mamas, en lugar de esperar a que desaparezca por sí solo.

La prevención y el diagnóstico temprano cumplen funciones diferentes, pero complementarias. Mientras los hábitos saludables pueden ayudar a reducir determinados factores de riesgo, los controles permiten identificar posibles alteraciones y actuar de manera oportuna cuando sea necesario.

En definitiva, reducir el riesgo de cáncer de mama requiere combinar información confiable, hábitos saludables, seguimiento médico y detección oportuna. Aunque existen factores que están fuera del control de cada persona, también hay decisiones cotidianas que pueden contribuir al cuidado de la salud y al bienestar a largo plazo.

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